martes, 30 de marzo de 2010

Koyaanisqatsi

Gracias a Bauman sabemos que el mundo se mueve alrrededor del siguiente principio o imperativo categórico: "viaja lijero, evita lo durable y celebra lo efímero". Practica regular hoy en día en cada uno, o por lo menos en la mayoria, de los integrantes de occidente (aunque ya se empiezan a ver sintomas de contagio en algunos lugares de oriente). ¿Por qué hemos llegado hasta aquí? Una razón puede ser la desproporción en la relación espacio/tiempo. La velocidad ha desproporcionado dicha relación. Ahora es la que domina la misma. En menos tiempo producimos más; la velocidad de producción llega a niveles inimaginables, exagerados. A menor tiempo de producción, menor espacio. Pues no contamos con que el espacio es nuestro entorno vital, la tierra. No tenemos en cuenta, que para conservar el espacio, nos vemos avocados a destruir algunos terrenos solitarios, verdes y destruir los viejos por lo nuevo. Con lo cual el problema de basuras se convierte en una prioridad. Por lo tanto, la desproporción se origina con el tiempo de producción: mayor velocidad; menor espacio: la tierra sitiada por objetos inútiles.
Playas llenas de coches, hasta donde la vista alcance; desiertos en el que las plantas de energía han destruido la majestuosidad de los paisajes; ciudades sobrepobladas; fabricas que irrumpen en las playas, etc. En esta relación, en el que el tiempo tiende a la llegada de la velocidad de la luz, el espacio pierde su brillos, la tierrra a perdido el color de su rostro.
Las fabricas se han convertido en nuestros nuevos templos. Estos se erigen como los nuevos cuerpos sólidos que han remplazado a nuestras viejas instituciones. Un ejemplo de ellos son los enormes edificios de las grandes corporaciones. Se levantan sobre todos para apoderarse de los cielos y emularlo con sus vitrales. A su vez, las fábricas se torman en las grandes catedrales de la grandesa del hombre; como son, a su vez, testimonio del dominio sobre la naturaleza por parte del Homo sapiens. Recorremos sus pasillos y nos sorprendemos de sus dimensiones, de sus accesorios, de sus poderes, el partenón perdio su magia, permiso al nuevo hogar de los dioses.
La naturaleza a perdido su sagrado poder, su veneración. Nuestra nueva madre, es la maquina que transforma, que exprime y nos regala las bellas formas que consumimos. Adios al viejo bosque y saludos a la nueva cantera.
Sin duda, estos son algunos de los aspectos que Godfrey Reggio pone sobre la mesa, de manera muy original. Ya que no recurre a lenguajes corrientes, o por lo menos, a los que se consideran de tal forma dentro de la audiencia cinematográfica. tales vehículos por los que se expresa son la imagen, sin narración y la música sin letra. Con esto nos ofrece un testimonio directo, lejos de la interpretación del lenguaje. Es el fenómeno mismo el que es expuesto. Y la música nos permite enterder ese ser, que no se expresa por medio de palabras sino por medio del sonido, de su llanto, de su música, la tierra.
Koyaanisqatsi, life out of balance, es una visión interesante, del genial cineasta norteamericano. Y que nos increpa sobre el destino de nuestro mundo. Nos exorta a recomponer la relación tiempo/espacio, en favor de nuestro lugar vital y común. Ha rechazar el mundo de la moda y la destrucción en pro de la novedad.
Chistian Alejandro Rojas Rodríguez 30062223

Tiempos modernos

"Una historia sobre la industria, la iniciativa individual y la cruzada de la humanidad en busca de la felicidad."

Cerdos que caminan amontonados y directo al matadero; hombres que descienden del metro y suben por las escaleras, amontonados. Genial montaje de Charles Chaplin, que más que simular una aparente coincidencia, nos devela la intención de un trato hacia el hombre, de su enajenación, de su despernosonalización.

Los hombres en el trabajo son cerdos, borregos, animales. Vigilados, disciplinados y distribuidos, al mejor estilo de vigilar y castigar. La fabrica, el panóptico, una de sus máximas expresiones. Todo un aparato arquitectónico destinado a afectar la conducta de las personas que lo habiten, que lo transiten. Es el poder que actúa de manera eficaz sobre los trabajadores con el propósito de afectar y dirigir sus acciones a un fin determinado, el binestar de la fábrica y con ella a sus dueños, a pesar de sus padecimientos.

Por eso creemos que estas factorías, descritas por Chaplin, están lejos de llegar a ser de esas nuevas estructuras descritas por Bauman, esos cuerpor líquidos, los pospanópticos.

La fábrica ese cuerpo sólido, dispone a los trabajadores, dentro de sus cuatro paredes. La pantalla vigilante, el capataz; es la vigilancia en todo lugar, hasta en un lugar tan íntimo como el baño. Este gran hermano enajena a la iniciativa, a la individualidad completa. Se espera, como en el perro de Palov, una acción, predispuesta de antemano; y ante cualquier brote de yo, tener los tratamientos y las curas correspondientes.
El hombre, por medio del trabajo, intenta conseguir los medios que le permitan una vida aceptable, digna; e intentar con los mismos llegar a ser felices. Sin embargo, el ritmo del trabajo, la lucha constante entre el hombre y la maquina, no le permiten alcanzar siquiera un estado de bienestar. La maquina veloz, constante y novedosa, apabulla con su "maginificencia" el ritmo vital del hombre. Que por su parte se hace lento, inútil y viejo.
Es curioso que Chaplin encuentre en un lugar como la cárcel, lugar por el que entendemos represión, el ideal de libertad. Dentro de los barrotes hay comida para todos, techo, hasta guía espiritual. Claro está, no debemos olvidar la colaboración de Chaplin.
El ritmo del trabajo enferma, enloquece al hombre. Perturba su psiqué, al punto de afectar su ser. La fábrica es, por tanto, el lugar donde se han domesticado al indomable, al espíritu indomable, al critura más perfecta de la naturaleza, al hombre. Ésta domesticación arruina, destruye todo aquello que podamos entendet como iniciativa individual, pues la energía vital del hombre se encauza a los bolsillo del patrón.
En fin, el personaje de este intrepido inglés, esta lejos de ser el enajenado. Más bien resalta por su intención en ser aunténtico, ante una vida que lo priva de ello. Que busca su felicidad, en otro lugar, en el camino. Un hombre que es feliz arrojandose a la aventura y al amor. El vago, el anti-héroe. Este cómico retrato nos resalta, la lucha de un hombre contra el "sistema" (lejos de ser panfleto). La lucha de un hombre por su felicidad, por su autenticidad y por su amor.