martes, 30 de marzo de 2010

Tiempos modernos

"Una historia sobre la industria, la iniciativa individual y la cruzada de la humanidad en busca de la felicidad."

Cerdos que caminan amontonados y directo al matadero; hombres que descienden del metro y suben por las escaleras, amontonados. Genial montaje de Charles Chaplin, que más que simular una aparente coincidencia, nos devela la intención de un trato hacia el hombre, de su enajenación, de su despernosonalización.

Los hombres en el trabajo son cerdos, borregos, animales. Vigilados, disciplinados y distribuidos, al mejor estilo de vigilar y castigar. La fabrica, el panóptico, una de sus máximas expresiones. Todo un aparato arquitectónico destinado a afectar la conducta de las personas que lo habiten, que lo transiten. Es el poder que actúa de manera eficaz sobre los trabajadores con el propósito de afectar y dirigir sus acciones a un fin determinado, el binestar de la fábrica y con ella a sus dueños, a pesar de sus padecimientos.

Por eso creemos que estas factorías, descritas por Chaplin, están lejos de llegar a ser de esas nuevas estructuras descritas por Bauman, esos cuerpor líquidos, los pospanópticos.

La fábrica ese cuerpo sólido, dispone a los trabajadores, dentro de sus cuatro paredes. La pantalla vigilante, el capataz; es la vigilancia en todo lugar, hasta en un lugar tan íntimo como el baño. Este gran hermano enajena a la iniciativa, a la individualidad completa. Se espera, como en el perro de Palov, una acción, predispuesta de antemano; y ante cualquier brote de yo, tener los tratamientos y las curas correspondientes.
El hombre, por medio del trabajo, intenta conseguir los medios que le permitan una vida aceptable, digna; e intentar con los mismos llegar a ser felices. Sin embargo, el ritmo del trabajo, la lucha constante entre el hombre y la maquina, no le permiten alcanzar siquiera un estado de bienestar. La maquina veloz, constante y novedosa, apabulla con su "maginificencia" el ritmo vital del hombre. Que por su parte se hace lento, inútil y viejo.
Es curioso que Chaplin encuentre en un lugar como la cárcel, lugar por el que entendemos represión, el ideal de libertad. Dentro de los barrotes hay comida para todos, techo, hasta guía espiritual. Claro está, no debemos olvidar la colaboración de Chaplin.
El ritmo del trabajo enferma, enloquece al hombre. Perturba su psiqué, al punto de afectar su ser. La fábrica es, por tanto, el lugar donde se han domesticado al indomable, al espíritu indomable, al critura más perfecta de la naturaleza, al hombre. Ésta domesticación arruina, destruye todo aquello que podamos entendet como iniciativa individual, pues la energía vital del hombre se encauza a los bolsillo del patrón.
En fin, el personaje de este intrepido inglés, esta lejos de ser el enajenado. Más bien resalta por su intención en ser aunténtico, ante una vida que lo priva de ello. Que busca su felicidad, en otro lugar, en el camino. Un hombre que es feliz arrojandose a la aventura y al amor. El vago, el anti-héroe. Este cómico retrato nos resalta, la lucha de un hombre contra el "sistema" (lejos de ser panfleto). La lucha de un hombre por su felicidad, por su autenticidad y por su amor.

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